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Abrir mercado en Europa: Lo que Madrid nos confirmó sobre el panorama fintech global y su lectura para Latinoamérica

Ernesto García CEO CITI / AurumCore

Julio 06, 2026

Monterrey, Nuevo León

Salir de tu mercado siempre te obliga a hacerte preguntas incómodas. En mi caso, las conversaciones surgidas de la colaboración de AurumCore en Madrid durante 2025 ampliaron nuestra perspectiva acerca de las prioridades en el ecosistema fintech global y de cara a los próximos cinco años, esta alianza con MAD Fintech resultó clave para entender qué funciona en otras regiones y qué de eso realmente aplica para México y Latinoamérica.

Hay algo que se repite en todos los mercados, aunque se viva de manera distinta: la tecnología financiera ya es parte de la rutina de las personas. La diferencia está en cómo se usa y a qué segmentos de la población beneficia, cómo se integra y, sobre todo, cómo se percibe del lado del usuario final. Nadie quiere entender la complejidad que hay detrás de un producto financiero; quieren una experiencia que no genere fricción y que sea transparente con los beneficios en el día a día.

Con objetivos claros, es esencial facilitar entornos controlados, colaboración entre actores y espacios donde el error es parte del proceso. No es un modelo perfecto, pero sí uno que deja aprendizajes importantes para nuestra región, donde muchas veces la urgencia por lanzar gana sobre la necesidad de probar. A partir de esta experiencia de colaboración en España, la adaptabilidad de AurumCore fue clave para facilitar un entorno controlado que se integre a esta cultura clara de prueba y validación de los productos financieros antes de escalar, una visión orientada a construir herramientas de inclusión para segmentos específicos del mercado, como la Silver Economy.

En México y Latinoamérica el reto no es menor, las circunstancias son diferentes pero tampoco es falta de talento o tecnología. En la región persisten las brechas de acceso y oportunidades de alinear mejor la oferta con las necesidades reales del entorno, esto ha marcado la evolución del ecosistema financiero en general: hay sectores completamente digitalizados y otros que siguen fuera del sistema. Esa brecha no se cierra solamente con tener la visión o buenas intenciones tecnológicas, se cierra con productos que realmente funcionen en el contexto de cada usuario.

Algo que tengo cada vez más claro es que en cualquier entorno, la confianza no se comunica, se construye. Y en el caso de los servicios financieros digitales, se construye cuando los sistemas funcionan de forma integrada, cuando la tecnología deja de estorbar y cuando el usuario siente que todo fluye sin tener que pensarlo y puede tomar decisiones sin miedo. Ahí es donde la innovación se vuelve real.

La inclusión financiera, desde mi punto de vista, no empieza con grandes promesas, sino con utilidad cotidiana. Cuando un producto encaja en la vida de una persona o de un negocio, la adopción ocurre casi de forma natural.

Comparar ecosistemas no debería ser un ejercicio de competencia, sino de aprendizaje y expansión. Latinoamérica tiene velocidad, creatividad y una enorme capacidad para resolver problemas reales. Si logramos acompañar eso con infraestructura que permita probar, ajustar y escalar sin trabas, el impacto puede ser mucho más profundo y escalable.

Como líderes, el reto no es solo construir tecnología, sino crear condiciones que incentiven la innovación, para que las ideas se pongan a prueba y para que la confianza de los usuarios se gane con resultados visibles. Ahí es donde, creo, se está jugando el futuro de los servicios financieros en nuestra región.

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